domingo, 27 de marzo de 2016

Capítulo 21.




Beatriz estaba en la cocina del apartamento de Gonzalo, llevaba puesto nada más que su camisa. 
Habían tenido la mejor de las noches. Beatriz se dio cuenta de lo payaso que podía ser Gonzalo, habían hablado y reído, pero sobre todo habían pasado toda la noche demostrando el deseo que se tenían el uno por el otro. 

Beatriz estaba haciendo el desayuno cuando sintió unas manos grandes apoderándose de su cintura, Gonzalo besaba su cuello repetidamente haciendo que ella se estremeciera. 

—¿Qué cocinas?—Preguntó separándose de ella. 

—Huevos revueltos.—Contestó moviéndose con facilidad por la cocina. Gonzalo la veía maravillado, observaba sus largas piernas, su culo respingón, sus pechos y su hermosa cara con esos ojos que desde la noche pasada le habían encantado. 




—Tienes una gracia al moverte por esta cocina que haces que se viera facil lo que haces.—Le halagó Gonzalo tomando asiento en un taburete al otro lado de la isla. 

—Es fácil cocinar, ven aquí y ayúdame a picar algunos tomates y pimentones.—Le ánimo ella sonriendo. Gonzalo indeciso se levantó y fue hasta ella que estaba poniendo la tabla de picar.—Ten.—Le dio un cuchillo.—Esto es lo que harás.—Primero le enseñó como picar el pimentón.—¿Entiendes?—Preguntó sonriendo.

—Pff, por supuesto.—Dijo Gonzalo haciendo lo que ella antes había echo pero con una lentitud de tortuga. 

Beatriz siguió haciendo lo suyo. Se movía con sensualidad por toda la cocina, pasaba por el lado de Gonzalo y lo tocaba con el brazo, trasero, codo; Pero sin querer, o esa era su excusa. Le daba mucha gracia que con cada toque de ella, él parara y respirara profundo y seguía haciendo lo suyo. Beatriz se paró a su lado y se estiró para buscar un cuchillo, Gonzalo vio parte de su trasero desnudo y tuvo que respirar profundo varias veces. 



Beatriz se agachó para buscar cebollas, Gonzalo dejó de un tiro en la mesa el cuchillo. Beatriz desde su posición sonrió. Gonzalo apagó la cocina y al tiempo que Beatriz se levantaba la cargó y la sentó en el mesón de la cocina. 

—Provocadora.—Gruñó mientras se bajaba el pantalón y se hundía en ella. Beatriz sonreía mientras gritaba. Gonzalo quitaba algunos botones, otros simplemente los jalaba y los rompía, chupó sus pechos, primero un pezón y luego el otro.




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Santos estaba sentado en la cama con Bárbara encima, él leía el periódico y ella solo besaba su cuello. 

Santos terminó de leer y dejó a un lado el periódico, despegó de su cuerpo a Bárbara para besarla. 

—Sabes... Estuve pensando.

—Uy, usted pensando señor Luzardo, que problema.—Se burló Bárbara. 

—No deberías burlarte cuando estás desnuda y arriba de mi, esposa.—Le advirtió besando la punta de su nariz.—Estaba pensando que quizás debamos quedarnos otro mes recorriendo Italia, ya sabes por nuestra luna de miel.—Dijo sonriendo. 

—Sí.—Respondió. Santos la miró con los ojos abiertos como platos.

—¿Qué?—Preguntó aún desorientado. Pensó que iba hacer una guerra con Bárbara, que ella se iba a negar y que el tendría que pelear, patalear y hacer pucheros. 

—Que está bien que nos quedemos por aquí otro mes.—Dijo divertida al ver su expresión. Rodó los ojos al ver que Santos no salía de la impresión.—No sé de qué te sorprendes que haya dicho que sí sin darte pelea.—Murmuró haciendo reír a carcajadas a Santos. Entre cerró los ojos.

—Creo que el matrimonio te está haciendo más mansa.—Se burlo Santos. 


  
Bárbara empezó a besar su cuello y el lóbulo de su oído, Santos gimió. Bárbara dejó un reguero de besos y saliva mientras bajaba a sus clavículas. 

—Ah, Bárbara.—Gimió Santos.

Bárbara bajó y se entretuvo en sus pezones, Santos estiró hacia atrás el cuello disfrutando de las caricias de Bárbara.

Su esposa bajó y besó su ombligo llegó hasta donde quería, la erección de Santos y sonrió con maldad.

—Ni se te ocurra dejarme a medias.—Gruñó.—No te atrevas a joderme.—Advirtió.

—Yo soy una buena chica.—Sonrió. Y se la metió entera en la boca. La sacó y nuevamente adentro, lamió la punta y luego más abajo, siempre sin dejar de mirarle, de tentarle. Pero le mató cuando hizo círculos en la punta, desprendiendo sensualidad en cada movimiento. Haciéndole sentir un placer demasiado intenso.

Bárbara se separó de él y mirándolo a los ojos dijo.

—Puedo ser una persona muy sumisa cuando quiero, esposo.—Y se levantó de la cama dejándolo a medias. 

Santos dio un grito ahogado, se levantó enojado y fue tras ella. Bárbara estaba en el mueble sonriendo. Santos, no. Estaba realmente enojado.

Se acercó a ella. Bárbara masajeo la virilidad de Santos provocandolo con movimientos lentos y sensuales

—¿Qué quieres que haga?—Preguntó sonriendo mientras movía la mano más de prisa.

Sin esperar la reacción de Santos la tumbó de cara al suelo y se posicionó detrás de ella. Su tentador trasero rozando con su pene hambriento de él. Su gritito de sorpresa fue lo que más le gustó. Por una vez, la sorprendía él.

—No juegues conmigo, Luzardo. Sabes como me pones cuando estás así de exigente.

Cogió sus manos y las entrelazó con las suyas hacia arriba. Dejándola sin
control. A su merced.
—Ni tú sabes lo que haces cuando eres tan obediente —gruñó abriéndome
paso entre sus piernas—. Aún sigo furioso.

—Y a mí me encanta ese estado tuyo en el sexo —y seguía con el
maldito juego—. No pienses, entra.


—No seré suave —avisó besándole la nuca, como respuesta se arqueó—. ¿Quieres igual?

—Por favor —suplicó débilmente y luego bufó—.Somos Santos y Bárbara, pocas son las veces que son suaves.

Contenido, le mordió el lóbulo de la oreja, haciendo que se retorciese y eso fue su perdición, también la suya porque agonizando, la embistió hasta entrar completamente por detrás. Santos gruño hasta la locura al sentirse tan envuelto y apretado. Una vez más le esperó ansiosa.


—Maldita sea —protestó mordiéndole el hombro—. Me matas tan
estrecha.

Bárbara no respondió, apoyó la frente en el suelo y levantó más las nalgas. Ya
Santos no pudo aunque quiso ser suave, apretó sus manos con fuerza y me movió al compás de su locura y rabia en ese momento. Duro, seco, rápido.
—Cuidado —avisó metiendo una mano debajo de su cuerpo para tocar y
acariciar ese botón tan íntimo, tan de él—. Quieta.

Preparada como siempre cuando apenas la rozó con un dedo; mojada y receptiva para él. Lo introdujo sin pensarlo, se arqueó gimiendo enloquecida. Metió otro dedo y continuó
moviéndose consumido por ella, por su entrega de siempre. Se retorcía entre

jadeos, queriendo pararlo, pero Santos con su mano la tenía sujeta a las suyas, no
dejando que me parara. 

Necesitaba verla extasiada de tanto placer, agotada hasta decir basta. Así quedaría después de este asalto.

—Santos —suplicó—, no tan... rápido.

¿Te duele?

—N-no... Me gusta demasiado

Le gustaba... Sexo salvaje, sin
pudor.

A menos que te duela sigo, y silencio —con la frente golpeó el suelo. Asustado, Santos frenó—. ¿Qué pasa?

—No ordenes... Me excita demasiado.

Riendo, volvió a embestirla por detrás, gruñendo cada vez que se introducía en ella de esa forma tan profunda y rápida. Con estocadas fuertes y duras, dejándome llevar por todos
esos sentimientos oscuros que necesitaban ser liberados... 
Que se revolcara de esa forma sobre el suelo le mataba, Santos podía sentir cuánto le
gustaba a pesar de ser brusco, de ser loco en cada gesto. Moría de placer
sobre todo cuando salía para luego entrar, ese instante era tan intenso, que
les podía.

—Santos...—Le llamó casi sin respiración—Deja de tocarme... ese
dedo es demasiado

No sólo ignoró su petición, por el contrario, introdujo otro, luego otro. Los
sacó y empezó a acariciar ese botón tan sensible en círculos. Gritó como nunca
antes, gritando su nombre, suplicando que parara.

—No levantes... ese culo —Peor lo hizo, lo levantó de golpe haciendo que
la tomara como un animal hambriento— Chica mala.

Pellizcó su intimidad, mordió su hombro. Ya estaba sentía completamente fuera de sí, necesitaba vaciarse. llenarla de él y volver a marcarla como lo que siempre sería: Suya.

—Vente, contráete —ordenó tirándole del cabello para que le mirara por encima del hombro. Cuando lo hizo, mordió sus labios sediento de ellos. Buscando la fricción de sus lenguas, bebiéndose cada suspiro y gemido estrangulado que salía de esa boca tan 
desafiante



—Bárbara, vamos

—No tengo... fuerzas —susurró soltándose de sus manos para acariciarle la cara—. Sigue... suelta esa rabia

Volvió con estocadas más frenéticas al sentirse maravillado por esa mujer
que tenía al lado. No se quejaba, disfrutaba cada vez que la invadía sin
control, sin miramientos. Le dejaba descargar esa furia que no podía de otra forma que él tanto necesitaba. Por eso aunque no lo pretendía, le dio duro, muy duro. Agonizando cada vez que jugaba con la punta en la entrada para luego al dar la estocada sentirse pleno,

satisfecho, al sentir tanto placer, tanto morbo. En medio del suelo

—No puedo —Se quejó. Y lo envolvió por completo, aprisionándole tan fuerte que sin
esperarlo apenas, Santos explotó. Tiró de su cabello dejándose llevar por ese
huracán que arrastraba consigo, con ella. Un huracán intenso e inmenso.
Poderoso como su perfecto y frágil cuerpo

—Santos, Santos...

Se rompió en mil pedazos, jadeando, quedando como una muñeca
de trapo bajo su cuerpo. Agotado a más no poder, y sin furia, sin rabia. Su mujer
le entendía como nadie, no podría amar más a esa criatura tan loca y atrevida.

—Dios, mío —murmuró asfixiada.


Jadeantes, agotados.

—¿Bárbara? —susurró con la cabeza apoyada en la suya—. ¿Bien?

—No puedo moverme —rio mirándole por encima del hombro—. No sé cómo voy a salir de esta. Entre mis frases, el pequeño morado del cuello y ahora que andaré coja; pensarán lo peor de mí.

—Lo haces conmigo, con tu esposo, por tanto nada importa —Respondió levantándome, arrodillándose para ayudarla—. ¿Puedes?

—No —dijo riendo a carcajadas —Luzardo, me has dado pero bien.
Santos alzó la mano, golpeó fuerte en ese trasero tan perfecto y algo colorado por la fricción de momentos atrás. Bárbara gritó. Santos alzó la ceja.

—Esa boca, señora Luzardo— Con cuidado, la levantó del suelo y la besó mientras la llevaba al cuarto en brazos.



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Sofía estaba con Felix en el cuarto del Miedo. Este estaba tirado en el suelo gimiendo como perrito y quejándose. 

—¡Me dejan! ¡Todos me dejan!—Gritaba. 

—Cierra la boca, Felix.—Rodó los ojos Sofía.—Solo serán dos días.

—¿¡Dos días!?—Gritó.—Son muchos, son demasiados. 

—Luzardo, no te morirás, además Gonzalo viene mañana.—Rodó los ojos.

—Que esperanza.—Felix bufó.—Gonzalo no me da lo que tú si.—Sonrió perverso. 

—Mantén tus manos alejadas de mi.—Quitó las manos de Felix de su trasero. 

—Aburrida.—Hizo puchero.

—Vendré con Beatriz, tú como buen perrito faldero te quedarás aquí vistiendo santos con Gonzalo.—Lo besó.

—¿Ahora me sales posesiva? ¿Ahora?—Felix rodó los ojos.—¿Por qué no puedo ir?—Sofía se tensó.

—Está toda tú familia aquí, Felix.—Contestó nerviosa. 

—Mhm...—Felix cabeceó.—Está noche me quedo aquí, no es negociable. 

—Bien, como quieras.—Lo besó con más ganas.




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Beatriz se despertó sobresaltada, todo estaba oscuro a su alrededor. Había tenido otra pesadilla, asustada buscó el interruptor de la lampara, todo el cuarto estaba vacío. Se levantó extrañada y buscó a Gonzalo y no lo encontró, miró la hora en el reloj y suspiró. Ya habían pasado las 42 horas, Gonzalo había cumplido su parte, gruñó y se fue a vestir. Salió del apartamento de Gonzalo sintiendo algo raro dentro suyo. 

Se montó en su moto y se fue de ahí como alma que lleva el diablo. 





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Bárbara estaba con Santos paseando por todo el lugar, Santos observó a varios niños jugar y correr y sonrió.
Bárbara lo observó con miedo, embarazo... Niños, llantos, vómitos, mareos, pies hinchados, juguetes regados, más llantos. Se estremeció. 

Lo abrazó por detrás y sonrió.
—Algún día, nosotros estaremos así.—Besó su espalda. Santos sonrió. 

Pero igual el se sintió inseguro, tenía miedo de perderla y sabía que con un hijo siempre tendría algo de ella con él. Que nunca la perdería del todo.

—Eres mi todo ¿Lo sabes, no?—Preguntó Bárbara mirando sus ojos oscuros. 

—Tienes que repetírmelo muchas veces.

—¿Muchas?—Preguntó sonriendo.

—Demasiadas. 

—Tenemos una vida juntos para repetírtelo hasta el cansancio.

—Nunca, nunca, Bárbara. Me voy a cansar de escuchar esas palabras.—La besó lentamente.





—¿Cual será nuestro próximo destino, esposo?—Preguntó sonriendo aún cerca de él.

—Roma.—Le susurró.—Luego Florencia, Milán, Nápoles, Verona, Pisa, Palermo, Pompeya...

—¡Santos!—Rió asombrada. Santos la cargó y la besó.

—Y ahora es que falta, mi amor... Lago de Como, Lago de Garda, Isla de Capri, donde no es por presumir pero te haré nuevamente mi esposa.—Bárbara lo besó.

—Estas loco.

—Y Costa Amalfitana. Amalfi y Siena.—La abrazó más a él.—Luego, vendremos con nuestros ocho hijos a visitar el resto de Italia.—Bárbara rió mientras se dejaba besar por su esposo.

—No tienes remedio, Luzardo.—Besó su cuello.

—Tú me hiciste así, ahora no te quejes.




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Gonzalo había llegado a su departamento con comida y una enorme sonrisa, pensaba pedirle a Beatriz que se quedara un poco más, pero su sonrisa se borró cuando observó el lugar a oscuro y a solas, buscó a Beatriz por todos lados pero no la encontró, intentó llamarla pero lo mandaba al buzón. 
Golpeó la pared de enfrente, lo había abandonado, ella había cumplido su parte. Gonzalo sintió un malestar, ninguna mujer le había echo eso, y por primera vez quería que una se quedara, esta lo dejaba. Suspiró y se revolvió el pelo inquieto. 




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A la mañana siguiente: 

Sofía había llegado a las ocho de la mañana al hospital de la capital, le había mentido a Bárbara y a su madre, pero tenía que hacer eso sola, tenía la segunda cita y quería estar sola. Ya para la tercera le diría a quien quisiese que la acompañara. Se hicieron las diez de la mañana hasta que por fin le habían dado en sus manos los resultados, el doctor le había hablado claro, los resultados estaban bien pero necesitaba que fuera en unos días para saber con más precisión lo que estaba pasando. Sofía se arrastró por la pared cayendo en el suelo mientras ponía su rostro en sus manos y lloraba. 

Sintió como unos brazos la atrajeron y la abrazaban, Sofía alzó la vista y observó a Beatriz ahí, ambas sonrieron.

—No soy estúpida, Sofi.—Le dijo mientras le secaba las lagrimas.—¿To-Todo bien?—Preguntó con miedo.

—Si.—Ambas no pudieron aguantar las lagrimas y lloraron en medio del pasillo del hospital. 



—Bárbara va a matarme.—Susurró mientras se levantaba del piso.

—Seguramente.—Beatriz se abrazó con un brazo a su cintura mientra Sofía a sus hombros. 

—¿Como sabías que hoy me tocaba consulta?—Preguntó saliendo del hospital.

—Soy tú mejor amiga, Sofía.—Rodó los ojos.—¿Cuando es la próxima? Y quiero la verdad.

—En tres semanas.—Dijo en un susurró.

—Aquí estaré.—Le dijo.

—¿Vendrás conmigo al Progreso?—Preguntó montándose en la moto de Bea.

—No, hablé con Miller y me he decidido a suplantar a Lopez mientras se recupera.  Ya luego vuelvo.—Dijo con parte de verdad. 

—Está bien.—Bea arrancó.—Igual no será lo mismo sin ti.—La abrazó más.

—Obvio.—Bea se burló. 

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Los días fueron pasando con rapidez, todo estaba muy cambiado. José y Asunción se fueron del pueblo y regresaron a la capital, su matrimonio iba en picada. Cecilia se había liado con Antonio y mantenían una relación en secreto, Luisana y Asdrubal seguían en lo suyo, como amantes. Felix y Sofía estaban felices juntos, no eran novios aún pero ambos se respetaban y se celaban bastante. Gonzalo estaba cada vez más furioso, no lograba sacarse de la mente a Beatriz, Beatriz trataba de pensar en su trabajo nada más. Antón seguía como siempre, trabajando y malhumorado como siempre. 

Bárbara y Santos se amaban cada día más, ambos estaban muy felices en esas vacaciones, habían prohibido los teléfonos y aparatos que los conectaran con el pueblo.  Los dos estaban recorriendo Italia entre besos y acurrumacos, entre peleas y reconciliaciones, ya había pasado un mes y ninguno tenía ganas de volver.




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Capitulo corto ¿no? 
Pues aquí va mi propuesta: Los subiré ahora más o menos corto (Aunque para mi no lo son) Pero más seguidos. Gracias por leer. 

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¡Y mi otra historia de wattpad que también es un fanfic de Doña Bárbara!

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PD: ¡GRACIAS FLOPPI POR LA FOTO DE PORTADA! 

2 comentarios:

  1. ��������genial!!!! Auch sobrevivio Bárbara a todo ese sexo con santos??? Jajajaja santos maldito conejo jajajaja y Sofía esta embarazada o que transita?
    aww y grax x usar la portada.

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  2. Dios mujer me quieres matar con estos caps jajajjaja No puedo creer Barbara pude con toda esa faena de Sexo salvaje pobre jajajja
    Estuvo super <3

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